
«¿Cuánto cuesta la aerotermia?» es la pregunta que más resuena entre los vecinos de Ourense. Imagina un piso en el centro: el tejado no es tuyo, sino de la comunidad, y poner placas para alimentar la bomba de calor exige acuerdo vecinal o acogerse al autoconsumo colectivo. Esa situación concreta define gran parte del presupuesto final.
Aquí el precio no depende solo del equipo, sino de cómo encajan las instalaciones existentes. En un inmueble de cien metros cuadrados, el coste suele situarse en el tramo bajo de las horquillas habituales, pero nunca hay cifra cerrada sin verificación. Lo que separa dos ofertas es lo que cada instalador incluye: desde la retirada de la caldera antigua hasta la legalización y el depósito acumulador.
Además, el estado de la cubierta condiciona todo. Si el tejado tiene filtraciones o necesita aislamiento para bajar la potencia requerida por el equipo, esa obra previa va aparte. Comprender qué mueve el número final ayuda a comparar presupuestos con criterio, sabiendo que una estructura mal calculada o unos radiadores inadecuados encarecen innecesariamente el proyecto.
La horquilla de precios publicada y dónde cae un piso
Al buscar presupuestos, verás que las cifras para una instalación completa de aerotermia oscilan entre los 7.000 euros y más de 20.000. Esa distancia no es caprichosa: un piso de unos cien metros cuadrados en el centro de Ourense suele situarse en la banda baja, mientras que una vivienda unifamiliar con suelo radiante nuevo o muchas reformas previas se acerca al límite superior. Lo importante aquí es entender qué entra en ese número. Los instaladores suelen cerrar el precio total con el equipo incluido, pero lo que separa dos ofertas reales es si dentro está la retirada de la caldera vieja, el depósito de agua caliente, la legalización o los cambios necesarios en la línea eléctrica.
Antes de fijarte en el coste final, recuerda que la potencia necesaria no sale de contar metros cuadrados. En una casa antigua del Ribeiro o Valdeorras, con muros de piedra y ventanas de madera, el cálculo debe ser habitación por habitación para evitar equipos sobredimensionados que arrancan y paran sin parar. Por eso, el número fiable solo aparece tras la visita técnica, cuando alguien mide pérdidas reales y comprueba el estado de los emisores. Si tienes radiadores de aluminio pequeños, quizá no basten; si son de hierro grandes de los años setenta, aguantan bien. No te quedes con la horquilla genérica: espera a que evalúen tu cubierta y tus paredes concretas.
La potencia que necesita un piso entre vecinos
Si vives en un piso del Vinteún o de A Ponte, con vecinos arriba y abajo, tu vivienda pierde menos calor que una casa exenta. Eso cambia el cálculo: la bomba de calor necesaria será más pequeña, porque no tienes que compensar las pérdidas por los cuatro costados. En uno de esos bloques de los setenta, con radiadores de hierro grandes, es probable que el equipo actual funcione bien sin tocar mucho más. Pero si es un piso reciente con emisores de baja temperatura, el ajuste debe ser fino para que no ande arrancando y parando a cada rato.
Aquí entra el tejado, aunque sea compartido. En la capital, muchas cubiertas son de la comunidad, así que poner placas requiere acuerdo vecinal o mirar el autoconsumo colectivo. Si tu piso está bajo una cubierta vieja de teja curva sobre madera, aísla primero antes de pensar en nada más. Una cubierta mal aislada obliga a tirar de potencia eléctrica en invierno, justo cuando el valle del Miño amanece con niebla y las horas de sol escasean. Mejor arreglar lo que gasta antes de dimensionar lo que produce, evitando pagar dos veces por obras que se pisan entre sí.
Radiadores que se quedan y radiadores que se cambian en O Couto o A Ponte
En los edificios de O Couto y A Ponte, muchos pisos conservan radiadores de hierro colado que se instalaron en los años setenta u ochenta. Esos aparatos grandes no son un estorbo para la aerotermia; al contrario, su superficie suele ser suficiente para trabajar con agua a menor temperatura, así que cambiarlos puede ser innecesario. El problema aparece cuando la vivienda ya cuenta con emisores pequeños de aluminio diseñados para calderas antiguas que disparaban el agua muy caliente. En esos casos, al bajar la temperatura del circuito para ganar eficiencia, el calor no llega bien a la estancia y el equipo se queda justo.
No vale mirar solo los metros cuadrados del salón o del dormitorio. La potencia necesaria sale de un cálculo detallado de pérdidas habitación por habitación, teniendo en cuenta cómo entra el frío por las ventanas y qué grosor tienen los muros. Un dimensionamiento correcto evita que la bomba de calor arranque y pare constantemente, lo que reduce su rendimiento y acorta su vida útil. Antes de presupuestar, conviene revisar qué hay instalado en cada zona: si el hierro aguanta, se aprovecha; si el aluminio pequeño manda, habrá que prever su sustitución para no perder confort durante el invierno.
El tejado de la comunidad y el autoconsumo compartido
Si vives en un piso de la capital, en barrios como O Couto o A Ponte, no puedes decidir tú solo qué poner en la cubierta. El tejado es un elemento común y cualquier modificación exige acuerdo de la comunidad. Aquí entra en juego el autoconsumo colectivo, una fórmula que permite a varios vecinos compartir la electricidad generada por las placas instaladas en la azotea comunitaria. No se trata de instalar paneles individuales que sobresalgan entre las antenas, sino de repartir la producción según lo que pacten los propietarios.
Esta opción cobra sentido si ya has calculado las pérdidas de calor por la cubierta antigua o si tu bomba de calor necesita electricidad para funcionar todo el año. En edificios con estructura de madera o teja curva, antes de hablar de anclajes, conviene revisar vigas y tableros. La instalación fotovoltaica sobre una comunidad requiere coordinación técnica y administrativa: hay que definir quién tramita los permisos, cómo se divide la factura y si la estructura soporta el peso sin comprometer la impermeabilización. Es un paso más allá del ahorro individual, pensado para comunidades que quieren bajar sus gastos comunes aprovechando la superficie disponible.
Qué obra encarece la instalación en un piso
En un piso, lo que más mueve el presupuesto no es siempre el aparato, sino llevar la corriente y los tubos hasta él. Si el cuadro eléctrico está lejos de la zona donde va a ir el módulo interior, hay que abrir rozas o montar canaletas para tirar esa línea nueva. Además, el depósito acumulador de agua caliente necesita sitio; en viviendas con distribución antigua suele acabar en un rincón del pasillo o en una galería cerrada, lo que obliga a alargar las tuberías y perder calor por el camino.
Otro gasto que muchos olvidan es retirar la caldera vieja y sus depósitos. No basta con desconectarla: hay que sacarla de casa bajando por escaleras estrechas o usando grúa si no cabe por la ventana. En barrios como O Couto o A Ponte, donde los accesos son complicados, esto requiere coordinación con la comunidad y a veces proteger portales y ascensores. Todo eso suma horas de mano de obra y materiales que cambian mucho entre una oferta y otra, así que conviene preguntar bien qué incluye cada presupuesto antes de comparar cifras.
Cómo pedir tres presupuestos comparables para un piso
Para que dos presupuestos de aerotermia se puedan comparar sin engaños, empieza facilitando datos concretos: los metros reales, el año del edificio y, sobre todo, qué tipo de emisores tienes. En pisos de Ourense capital o en casas antiguas de Valdeorras, no es lo mismo unos radiadores de hierro grandes de los años setenta, que suelen servir bien, que unos pequeños de aluminio pensados para agua muy caliente, que a menudo se quedan justos. Indica también la calefacción actual y si hay depósito acumulador. La potencia debe salir de un cálculo de pérdidas habitación por habitación, no de los metros cuadrados; un equipo sobredimensionado arranca y para demasiado, rindiendo peor.
A la hora de exigir las ofertas, revisa qué incluyen partida a partida. Lo que separa dos precios suele ser la retirada de la caldera vieja, el cambio de radiadores, la línea eléctrica nueva o la legalización. Si vives en un bloque con cubierta comunitaria, aclara desde el principio si la propuesta contempla solo el interior o si incluye gestiones para autoconsumo colectivo, algo que requiere acuerdo vecinal. Pide siempre una memoria técnica clara. Así sabrás si la oferta cubre toda la obra necesaria o si te encontrarás con extras cuando ya estén montando los equipos en tu piso.